El pasado fin de semana, entre el 3 y 4 de abril, el Ciclón Nargis devastó a la antigua colonia británica de Myanmar, conocida también como Birmania. El hecho natural podría dejar más de 100 mil muertos, y un número indeterminado de damnificados y la ayuda internacional aún no llega.
No llega porque el gobierno actual, que lleva en el poder 20 años, no permite que las ayudas arriven y que los organismos de socorro accedan a las áreas de desastre. El gobierno dictatorial pone condiciones para que los países que están enviando su ayuda tanto técnica como alimentaria puedan realizar todas las operaciones de salvamento.
Una de las condiciones más tristes y patéticas es que los organismos internacionales deberán realizar sus operaciones en nombre de la dictadura, como quien dice, sería ésta la única salvadora del pueblo en desgracia. Myanmar había sido víctima del poder comunista en 1949 pero el pueblo no soportó los cambios y entró en un proceso dictatorial que no ha parado desde 1962. Este poder sólo ha sumido al país en la miseria y el aislamiento.
Esta situación fue la que llevó a que cientos de monjes protestaran en contra del régimen en 2007, pero la revuelta fue aplastada y al día de hoy no se conoce el número de víctimas de los hechos ocurridos en septiembre del año anterior.
Mientras la ayuda está por ser enviada, el gobierno no cede ante sus intenciones de someter al pueblo y de alguna manera forzarlo de nuevo a hacer lo que el regimen decida. El próximo sábado 10 de mayo se celebrarán las primeras elecciones parlamentarias en 18 años. En ese entonces, 1990, el gobierno perdió los comicios, lo cual fue el detonante para que éste no sólo apretara las tuercas al pueblo sino que además se tomó el trabajo de desaparecer y capturar a cientos de líderes políticos de la oposición.
Por lo pronto, la Cruz Roja alemana informaba desde Birmania que la gente acude a sus trabajos sin importar lo ocurrido el fin de semana. Cientos de miles de casas fueron destruidas, se quedaron sin techo, las calles devastadas, y la ayuda del gobierno es mínima, pero el pueblo, por temor, decide seguir la vida como si nada hubiese ocurrido.
Falta esperar los hechos del próximo sábado, una situación no sólo difícil para un pueblo sometido, sino que además forzado a seguir viviendo sin poder hacerse cargo de sus propios muertos.
Como decía, las ayudas están listas para ser enviadas y ante una tragedia un gobierno no puede ponerse de arrogante e impedir que la miseria y el dolor comiencen a ser subsanadas, pero ante el poder de las armas parece ser que aún no hay barrera que lo detenga ni fuerza que lo contenga.
En fin, tierra al pasado y seguir con lo mismo, esa parece ser la consigna del mundo ante su destino y la historia solo seguirá registrando la muerte y celebrando poco la vida.

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